El coronavirus tomó de sorpresa al mundo entero. En respuesta, gobiernos, empresas y organizaciones han tenido que cambiar sus expectativas para los próximos años, teniendo que considerar un mundo totalmente distinto al que se preveía pocos meses atrás, dado a nuevas dinámicas políticas, sociales y económicas.

En el ámbito económico, organizaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de la Organización de las Naciones Unidas y Focus Economics han cambiado drásticamente sus proyecciones de crecimiento económico para los próximos dos años. Las tres organizaciones prevén una contracción de la economía mundial para el 2020, promediando una caída de 1,3%. Regionalmente, las organizaciones coinciden en que América Latina será de las regiones peor golpeadas por la pandemia, proyectando caídas de 5,5% (FMI), 5,3% (CEPAL) y 3,5% (Focus Economics). Bajo estas métricas, se espera que Venezuela presente el peor rendimiento de la región, con las proyecciones ubicándose entre una caída de 15,0% (FMI) y de 18,0% (CEPAL).

Dichas proyecciones eran más que esperadas. El coronavirus ha deteriorado las cadenas de producción mundiales, probablemente afectando algunas relaciones comerciales de forma permanente. Inclusive, aunque se pueda esperar una recuperación paulatina una vez que se acabe la cuarentena, la rapidez de recuperación de cada país será distinta, por lo que el comercio internacional tardará aún más tiempo en volver a la “normalidad”.

Considerando esto, el reto que enfrenta Venezuela es especialmente difícil, ya que no depende solamente de su recuperación (ya suficientemente difícil), sino de la recuperación heterogénea del resto mundo para que se reestablezca la demanda petrolera y retomar el comercio con sus principales socios comerciales. Aún con ello, solo se lograría mitigar -parcialmente- el deterioro de la economía local, que para 2021 estaría presentando su octavo año consecutivo de contracción del PIB.