Según cifras oficiales del BCV, Venezuela ha estado en un proceso hiperinflacionario desde diciembre del 2017.

En este, se aprecian dos períodos con diferencias marcadas en torno a la evolución de la variación del indicador nacional de precios, donde a partir de febrero de 2019 se evidencia una tendencia a la desaceleración de los precios en la economía local.

Dicha desaceleración se debe a la instauración de políticas restrictivas de parte del Ejecutivo, como la disminución de la oferta de créditos derivadas de aumentos del encaje legal con su consecuente impacto en la actividad real, la reducción de emisiones monetarias asociadas con pagos del Fisco y la mayor apertura a la dolarización de facto.

Con ello, según datos del Banco Central de Venezuela (BCV), la inflación correspondiente a septiembre de este año fue de 7,1%, lo que la convierte en la inflación más baja desde abril de 2017 (8,3%). Esta sería la primera vez en 53 meses que el alza de precios intermensual está por debajo de dos cifras, encontrándose 1,2 puntos porcentuales (pp) por debajo de la inflación de abril de hace cuatro años.

No obstante, la economía en Venezuela mantiene constantes desequilibrios y sigue siendo sensible a choques monetarios y externos que podrían reactivar la espiral hiperinflacionaria. Por lo que, a pesar de la baja inflación registrada en septiembre el intento de darle fin al episodio hiperinflacionario en Venezuela no significa que el costo de vida, en cualquier moneda, deje de crecer.

Las personas, tanto de clase media como de bajos recursos, no terminan de sentir un alivio financiero aun cuando el país lleva cuatro meses consecutivos con una inflación menos agresiva, sobre todo tomando en cuenta que el encarecimiento de la vida en dólares ha sido de 29,8% según cifras oficiales en los últimos cuatro meses.