Este año ya se cumplen dos años con hiperinflación, lo que ocasiona, como es de esperarse, que las personas busquen monedas más fuertes para mantener el poder de compra de sus ingresos en moneda local en el tiempo. Sumado a esto, la dotación de bolívares en efectivo del Banco Central no ha estado exenta de problemas, lo que ha dificultado aún más su uso como medio de pago. No obstante, esto no implica que ya no se demande, dado que hay transacciones que inevitablemente deben realizarse por este medio.

Durante este año, el BCV se ha interesado en forzar una mayor estabilidad del tipo de cambio empleando, entre otras cosas, la venta de dividas en efectivo a la banca local. Tales ventas han empleado el euro como un mecanismo para mitigar las presiones cambiarias, en un entorno donde las sanciones de Estados Unidos al BCV limitan el acceso del ente emisor a los dólares como divisa usual en las transacciones locales. Si se compara la totalidad de la divisa vendida con los bolívares nuevos emitidos en los últimos meses por el BCV, evaluados en su equivalencia a euros, se puede apreciar que esta última ha sido mínima respecto a la primera. A pesar de que la diferencia entre ambos parecía disminuir entre los meses de julio y septiembre, el mes de octubre volvió a distanciarse, siendo la cantidad de euros en efectivo 3,5 veces más que la cantidad de bolívares.

Este hecho hace parecer que, más allá de las restricciones operativas que pueda presentar el BCV para emitir mayor cantidad de bolívares, el mismo está interesado en mantener este desbalance entre flujo de bolívares/divisas en efectivo, favoreciendo así la dolarización de las transacciones y mitigando las presiones del tipo de cambio. Este interés en facilitar el uso de las divisas parece reconocer, desde antes de las últimas declaraciones dadas por Nicolás Maduro respecto a esta dolarización, el “aval” que los reguladores parecen darles a la ocurrencia de este fenómeno.