Dentro del anuncio oficial de la nueva reconversión monetaria a aplicarse en el país a partir del próximo octubre, se hace hincapié en los planes del Ejecutivo sobre una mayor digitalización de los medios de pagos en moneda local, bajo el manto del denominado “bolívar digital”. Como ha sido varias veces señalado en declaraciones oficiales, las intenciones de los reguladores apuntan a eliminar por completo el uso del efectivo en moneda local al trasladar las transacciones que aún demandan de tales instrumentos al medio digital (bancos, portales web, billeteras digitales).

Más allá del peso actual de los medios de pago electrónicos (puntos de venta, banca por internet o por telefonía móvil, etc.) en las transacciones en bolívares, la pregunta que se hacen muchos venezolanos es: ¿la digitalización de los bolívares es la respuesta correcta para mejorar los medios de pago en el país, en el contexto de la actual dolarización transaccional? La respuesta es un contundente NO, y las cifras oficiales así lo avalan. No solo los bolívares en efectivo tienen un peso inferior al 5% del total de la liquidez en moneda local, sino que además el bolívar (en cualquiera de sus formas) sigue perdiendo terreno respecto al peso de las divisas en Venezuela, tanto físicas como digitales. En particular, a pesar de la marcada circulación de moneda extranjera en efectivo, las divisas canalizadas a través del sistema financiero local siguen representando más del doble de las captaciones en bolívares. Así, el medio de pago menos usado en moneda extranjera sobrepasa el uso del bolívar que ya es “digital”. En estos términos, el uso del efectivo en bolívares es aún menos significativo, representando apenas entre el 1% y el 3% de lo que moviliza la banca local en divisas.

Estos son números propios de un uso del bolívar “líquido” en muy pocas transacciones internas y difíciles de dolarizar como el transporte público, revelando el poco alcance de cualquier nueva medida de su digitalización, ya afectada por la escasa credibilidad sobre el accionar del BCV. En ese sentido, y asumiendo que la realidad hiperinflacionaria de Venezuela persistirá en los próximos meses, una mejor estrategia pudiese ser ampliar los medios digitales para el uso de las divisas que aún se emplean en su versión física, bajo un ecosistema de pagos seguro, amplio y que limite los costos asociados al pagar con dólares en Venezuela. En otras palabras, reforzar el reino de la “lechuga” en su versión digital.