Los Roques, la Gran Sabana, el Pico Bolívar, son algunos de los muchos lugares que vienen a la mente cuando se habla de turismo en Venezuela. Es innegable el potencial que tiene el país en este sector, pero las condiciones económicas, sociales y políticas han presentado un obstáculo gigante para su desarrollo.

Antes de estudiar los cambios en el sector turístico, hay que entender la manera en que este contribuye a la economía venezolana: de forma directa, que representa toda la actividad económica generada por proveer servicios de turismo, como transporte, entretenimiento y alojamiento; y de forma indirecta e inducida, con los aportes hechos por las inversiones públicas y privadas en el sector del turismo y el consumo inducido por los empleados remunerados por este sector. Basados en información publicada por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, que proporciona datos de la actividad turística como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB), se observa una gran caída de la contribución directa, indirecta e inducida del sector turístico en la economía. Enfocándonos en el último dato disponible, la contribución del turismo al PIB en el 2018 se ubicó en USD 6.392 millones, lo que representa una caída de 34,4% respecto al año anterior, y una caída de 81,4% respecto al año de mayor contribución (2013).

Si consideramos los fenómenos actuales que afectan el día a día del venezolano, la falta de electricidad, agua y seguridad, podemos afirmar que la tendencia a la baja del sector turístico continuará, fundamentada en el miedo de los extranjeros de visitar un país lleno de incertidumbre y peligros.p>